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VALORES

VALORES



Desde la frustración y la despersonalización, nada es posible ante esta sociedad opresora y alienante. Hay que rendirse. Somos llevados en el curso de la vida; nos limitamos a buscar el mejor acomodo para no ser triturado por la máquina social. No tiene sentido, es peligroso afirmarnos frente a ella.

Perplejidad personal por la existencia de una presión social estructural que crea un marco normativo inapelable, y exige sumisión automática en nombre de la eficiencia del conjunto. Lo cual supone la presión por disfuncional de cualquier ámbito de experimentación ética, de búsqueda de nuevas salidas o valores, originales y libres. Y todo esto compatibilizado a la fuerza con la exaltación formal de la iniciativa personal. El mundo de las mil posibilidades... mermadas.

¿Qué significa para cada uno de nosotros trabajo, honradez, diversión, dinero, laboriosidad, ahorro, familia, hijo, pareja.....?

Muchos de estos valores entrañan realidades divergentes y contradictorias. Tenemos que reconquistar el sentido más autentico y genuino de las palabras.

El hombre de hoy contempla en su conciencia un gran vacío de valores, no es posible separar la crisis de valores de la crisis social. Cualquier reajuste social y mucho más un cambio social, implica siempre un reflejo en el sistema de valores. Los cambios sociales acaecidos en el último cuarto de siglo son tan radicales que se puede hablar de una metamorfosis social y cultural.

El desfallecimiento de la regulación interior de la conducta se sitúa en el origen de muchos comportamientos desviados entre lo que cabe destacar las toxicomanías, ciertos tipos de delincuencia, e incluso la disociación familiar.

Causas y Consecuencia de las pérdidas de los valores

Causas:

  • La desintegración y los conflictos familiares
  • Los divorcios
  • La situación económica
  • Deserción escolar
  • Desobediencia
  • Drogadicción 

Consecuencias:

  • Surgimiento de bandas
  • Prostitución
  • Embarazos prematuros y no deseados
  • Robos
  • Transculturación
  • Abortos en jóvenes a temprana edad
  • Relaciones sexuales promiscuas

 EL VACÍO DE LOS VALORES EN LAS PERSONAS

Tal vez la razón fundamental del vacío de los valores que constatamos no sea otra que el haber condenado al sentimiento a un papel secundario en nuestro trato con los hombres y las cosas. Valores sigue habiendo puesto que algo tiene que orientar las preferencias y elecciones de los humanos. Pero son valores fácticos llamados “valores de mercado”, lo cual no distingue entre lo categóricamente bueno o malo, ni entre lo justo o lo injusto. El valor añadido a la cola no por lo que vale en sí, sino por la ganancia.

Nunca los valores fueron tan mudables, tan dependientes de intereses extraños a las cosas mismas, sujetos a modas y caprichos imprevisibles... Los sentimientos son imprescindibles.

Los valores de la ilustración -la libertad y la igualdad- siguen presentes, pero lo alcanzado con ellos y en su nombre, es profundamente contradictorio y paradójico. El hombre actual se está convirtiendo en un instrumento más de producción, con una baja autoestima. Se va haciendo constantemente preguntas sobre el sentido de su vida, pero se ha precipitado, aun sin proponérselo, en los fondos de la soledad y la incomunicación.

Estamos ante una evidente crisis y vacío de valores. Es preocupante en primer lugar la superficialidad, el vacío y la desinteriorización del hombre que le lleva a vivir de cara al exterior, aturdido entre prisas y ruidos, sin saber a dónde va y quien es. Pero no podemos sofocar ese grito angustioso e insobornable que surge dentro de nosotros y que nos pide una mayor coherencia en nuestro proceso de búsqueda de la felicidad. Es preciso abrir caminos seguros y coherentes a la Familia, a la escuela a la juventud y a la sociedad. Buscar valores que den sentido a nuestras vidas.

Los jóvenes necesitan valores que den sentido a su existencia y que vayan guiando sus pasos por los caminos de la plena realización. Hay que elevar todo lo hermoso, bueno, verdadero, justo y bello que vemos en la humanidad para consolidar la paz y la buena convivencia.

Los adolescentes y los jóvenes buscan modelos referenciales que sean auténticos transmisores de valores. No basta que los padres o educadores les digan, que lo expresen, sino que es necesario que los vivan. Los adolescentes van consumiendo los valores referenciales del entorno, especialmente el de la familia y de la escuela. Parece lógica la inquietud de muchos padres que no saben qué hacer, qué camino y que se dan en la pasividad de esperar a ver qué pasa. No podemos ser neutrales ya que los medios de comunicación, los amigos, la sociedad misma están transmitiendo sus valores por eso se hace precisa la interiorización, la reflexión, el análisis ponderado y responsable para tomar decisiones. Nuestros adolescentes van a pensar, a buscar la calidad humanizadora de su vida, a criticar los mensajes de los medios de comunicación, analizar sus compromisos tales, como tomar decisiones sobre futuro, asumir responsabilidades a la hora de vivir su realidad presente, aprender a equivocarse para no hundirse en la ciénaga fangosa del conformismo. Los jóvenes son los primeros agentes de su propia adulación.

La familia y el colegio tienen hoy un reto inaplazable: abrir causes para que los grandes valores del humanismo cristiano afloren en sus tareas educativas. Pero no olvidemos que los valores impuestos a la fuerza suelen ser valores rechazados. Los valores sugeridos que dejan un amplio margen a la reflexión serena y a la decisión responsable, suelen ser valores libremente asumidos. Los adolescentes disponen en un sentido de suficiente madurez para decidir  cuidadosamente aquellos valores que pueden dar, que van sentido a su vida.

Ha llegado la hora de encontrar auténticos criterios morales, debidamente ponderados, que vayan más allá de la simple eficacia, como el sentido de la autonomía personal, la fuerza de la responsabilidad, la madurez espiritual y moral, la solidaridad hacia los hermanos. Será oportuno recordar que nuestra sociedad vive una profunda desmoralización porque, en el fondo, ha perdido el verdadero sentido de la vida. Esta crisis ha sido provocada por el declive primordialmente de las grandes creencias y utopías. Los jóvenes precisan encontrarse un gran proyecto que de sentido a su presente y que le oriente hacia el futuro.

 
LA EDUCACIÓN DE LOS VALORES EN LA FAMILIA

 
La consideración pedagógica de los valores debe estar presente en todo el recorrido del proceso educativo. La pedagogía de la intervención requiere un patrón de los valores que guíe las actividades participativas de los individuos hacia la optimización humana, lo que implica una mejor planificación en el campo familiar y en el campo escolar. El valor como tal es uno de los rasgos más importantes que se aprenden en el seno de la educación familiar. Las condiciones sociales y tecnológicas de nuestro tiempo exigen un nuevo replanteamiento y quizás más profunda revisión de las funciones que tradicionalmente se le asignan a la educación.

El gran dinamismo de los medios de comunicación e información nos abruman con multitud de sistemas de valores que inundan los hogares que nos obligan a la elección de algunos de ellos. Con frecuencia se presentan como contrarios o contradictorios, dependiendo de la formación inicial de la persona y de su capacidad crítica e innovación.

Dada la trascendencia de los valores en el hogar, la familia no puede olvidar que allí el hijo recibe las primeras caricias, las primeras enseñanzas, percibe los comportamientos iniciales. Allí prácticamente se ponen los fundamentos éticos que deben gobernar a la persona a atreves de su vida en el seno de la comunidad familiar trascurre la primera y fundamental parte del proceso de socialización. Los testimonios de sociólogos, pedagogos y psicólogos coinciden en esta afirmación. El niño pasa los primeros años de su vida inmersa en la comunidad familiar, y es en esta donde se afirman los cimientos de su personalidad antes de que incidan otras influencias. La familia puede educar por asimilación o hasta por rechazo, pero en cualquier caso, su influencia es profunda y duradera.

La mejor educación nace y se desarrolla en el hogar. Es ahí donde aprende a despertar interés por la vida, a confiar en sí mismo, a creer que puede seguir adelante por los caminos del triunfo. Los padres tienen la posibilidad de mostrar con su presencia y su atención atenta los caminos de la verdad y del amor, el espíritu de trabajo, la ayuda a los demás, impulsarles a ser ellos mismos, a desarrollar sus cualidades, a potenciar su autoestima, sin que tenga imitar a nadie o a buscar por los desiertos de la vida lo que tienen y poseen dentro de su persona.

La familia es, en su más profundo sentido, comunidad, comunicación. Es la primera comunidad de vida de amor, pero es al mismo tiempo la primera escuela del saber, del civismo y de la ciudadanía. Es la primera escuela de los hijos. La familia es la sociedad creada para educar a las generaciones. Unos padres que sepan educar, que no van a la improvisación, sino que sean sabido preparar para esta tarea tan sublime de saber ser padre.

 
LOS VALORES QUE BEBEMOS FOMENTAR

 

  • La cultura
  • La confianza
  • La paz
  • La limpieza
  • La libertad
  • La democracia
  • La rapidez
  • El perdón
  • La comedida
  • La intimidad
  • La independencia
  • Etc.

La falta de valores que tenemos a nuestro país, la falta de entendimiento especial en nosotros los jóvenes.

También muchos de estos valores entramos en realidades divergentes y contradictoria tenemos que reconquistar el sentido más autentico y genuino de las palabras.

El hombre de hoy contempla en su conciencia un gran vacío de los valores, no es posible separar la crisis de valores de la crisis social.

Tal vez la razón fundamental del vacío de valores que constatamos no sea otra cosa que el haber condenado al sentimiento a un papel secundario en nuestro trato con los hombres y las cosas.